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“SEPULTUREROS DE LA DEMOCRACIA” Eduardo Morales Gil

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Eduardo Morales Gil
El pasado 16 de julio el pueblo venezolano envió un mensaje categórico y contundente al gobierno del Presidente Nicolás Maduro. En efecto, mas de 7.600.000 ciudadanos acudieron a estampar su firma para rechazar la engañifa, la martingala de constituyente convocada por el jefe del régimen imperante en Venezuela. Solo en nuestro estado Sucre lo hicieron un poco más de 200.000 conterráneos. Esta cifra confirma las expectativas que me formé desde la mañana del domingo 16 durante un recorrido que inicié en el municipio Montes y, bajando por Pericantar a través de la vía de Guasimilla, Paradero y Limonar, continué por los municipios Mejía, Ribero y Bermúdez, donde firmé en el centro de Tío Pedro, en Carúpano, en horas de la tarde, al observar la numerosa y entusiasta concurrencia que, asumiendo una profunda conducta democrática, se daba cita en los puntos soberanos destinados para la consulta organizada por la MUD en apenas dos semanas y con limitados centros electorales, en comparación con las elecciones nacionales regidas por el CNE.
Los jerarcas del gobierno y del partido oficialista no deberían desdeñar, sino evaluar detenidamente la vocación democrática de cerca de ocho millones de compatriotas, quienes, haciendo caso omiso a las presiones, las amenazas y la censura mediática de la maquinaria gubernamental, decidieron dar la cara a los equipos de filmación de los diversos cuerpos de seguridad y represión del Estado, así como a los espías llamados “patriotas cooperantes”, tarifados por el gobierno para denunciar y delatar a sus vecinos, al estilo cubano.
Los asesores criollos y los foráneos al servicio del régimen deberían dedicarse a calcular cuántos millones de venezolanos que no asistieron a firmar por temor a represalias del gobierno, están dispuestos a concurrir a una elección con sufragio universal, directo y secreto a votar para abatir la dramática crisis económica y social que afecta a nuestro país y para evitar que se instaure definitivamente en Venezuela una dictadura comunista.
Si los corifeos del llamado “socialismo del siglo XXI” dedicaran sus reflexiones a ponderar y respetar los resultados de la consulta del 16 de julio, en cuya histórica jornada se evidenció la vocación democrática del pueblo venezolano, le jugarían limpio a Venezuela, acogiéndose a la letra y el espíritu de la Constitución vigente, sancionada en 1999, la cual pauta inequívocos mecanismos de participación popular, y se apartarían del lamentable rol asumido hasta ahora de ser los sepultureros de la democracia venezolana.



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